Más de ferias y encuentros con los lectores

Escrito por Fernando el Junio 21, 2010 – 7:53 pm -

Frente a la postura que indicaba en la entrada anterior, me gustan más estas otras formas de expresarse.

 

Un autor consagrado: Me siento en una caseta, con los temores recobrados de siempre -¿vendrán lectores, me quedaré en algún momento solo y sin saber qué cara poner cuando me mire la gente que pasa?-. Cuando me inclino para escribir la primera dedicatoria pienso en lo significativo y lo precario que puede ser ese gesto. El pacto de fraternidad parcial entre autor y lector en el que se basa la literatura no necesita la mediación de una firma, y ni siquiera la existencia de un libro impreso en papel. Pero la dedicatoria, la cercanía física, la hilera de puestos de libros en la avenida de un parque, dan a la literatura una terrenalidad que resalta su presencia objetiva en el mundo, su condición de vínculo entre los seres humanos más allá de la soledad esquiva de cada uno. Miro las caras de los lectores, en el tiempo tan breve de cada saludo, petición de nombre, firma, mirada última, mano estrechada en la despedida. El misterio de una identidad intuido en el minuto escaso de un encuentro. Algunos de esos lectores traen un libro publicado hace casi un cuarto de siglo, el papel de mala calidad reseco y amarillento. Otros, otras, no habían nacido cuando yo escribí las novelas que vienen a que les dedique. Que alguien siga leyendo esas páginas de las que casi no me acuerdo provoca sorpresa y gratitud, pero no alivia el fondo de desasosiego.

 

Una autora en vías de consagración: ¿Qué podemos hacer los autores?


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De ferias y encuentros con los lectores

Escrito por Fernando el Junio 5, 2010 – 9:47 am -

Quizá es que tengo muy mala fe, o soy muy descreído. El caso es que me parecen un tanto inapropiadas algunas opiniones de escritores en lo que se refiere al contacto con sus lectores en el marco de las ferias del libro.  Extraigo algunas que me han llamado la atención:

«Te ayudan, son críticos para bien y para mal. Ahora, con las nuevas tecnologías, el contacto puede hacerse más veces, no sólo en la feria, pero sin duda este momento es especial y hay que cuidarlos».

«Hay que ir con ilusión, ser amable y dar las gracias a la gente por su tiempo y su esfuerzo».

«Estos días son para mimar al lector».

«En general, son gente maja y viene bien saber qué piensan».

No sé si les ocurrirá a ustedes, pero yo noto un tono de condescendencia, de artista que desciende unos peldaños a pasear entre el común. Como de aquellos reyes legendarios que una o dos veces al año se vestían de pobres para mezclarse con sus súbditos.

¿Cómo que hay que mimar al lector en “estos días”? ¿Cómo que “te ayudan”? ¿Qué es ser crítico “para mal”? ¿Qué es eso de “viene bien saber qué piensan”?

Vamos a ver: los juntadores de palabras no son (somos) nada, nada de nada, sin unas personas que se dignan (sí, son ellos quienes descienden los peldaños) a leer lo que a algunos se nos ha ocurrido imprimir en el papel o mostrar en la pantalla. Si se trata de mimar, hay que mimarles en todo momento, desde el mismo acto de la escritura si me apuran, no sólo cuando se esgrime un bolígrafo en la feria. Y, si acaso, los mimados son ellos (somos nosotros) cuando resulta que a algunas de esas personas, o a muchas en el mejor de los casos, les gusta esa combinación de palabras, ese trabajo de artesanía tan mal pagado como adorado.

Insisto: quizá se deba sólo a una mala interpretación por mi parte, o a mi proverbial resentimiento de fracasado.


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